La princesa nacida en Canadá y la tradición de los tulipanes que une a dos países
Cada año, millones de tulipanes florecen en Canadá como símbolo de amistad y agradecimiento entre los Países Bajos y el pueblo canadiense, una tradición que nació durante la Segunda Guerra Mundial gracias a la historia de una princesa holandesa nacida en territorio canadiense.
Todo ocurrió en 1943, cuando la familia real neerlandesa se refugió en Canadá huyendo de la ocupación nazi en Europa. La entonces princesa Juliana se instaló en Ottawa junto a sus hijas mientras Holanda permanecía bajo el control alemán.
Fue en medio de ese contexto que nació la princesa Margriet Francisca, hija de Juliana, en el Hospital Cívico de Ottawa. Para garantizar que la bebé tuviera únicamente nacionalidad neerlandesa y pudiera conservar sus derechos dentro de la línea sucesoria, el gobierno canadiense declaró temporalmente “extraterritorial” la habitación del hospital donde ocurrió el nacimiento.
Tras finalizar la guerra y regresar a los Países Bajos, la familia real quiso agradecer el apoyo brindado por Canadá durante aquellos años difíciles. Como gesto de gratitud, la princesa Juliana comenzó a enviar miles de bulbos de tulipán cada año a la ciudad de Ottawa.
Con el paso del tiempo, esta tradición se convirtió en uno de los eventos más emblemáticos de Canadá: el Canadian Tulip Festival, celebrado anualmente en Ottawa y reconocido como el festival de tulipanes más grande del mundo.
Actualmente, más de un millón de tulipanes florecen cada primavera en la capital canadiense, recordando la histórica amistad entre ambos países y la emotiva historia de la princesa nacida lejos de casa durante tiempos de guerra.